Historia

Los orígenes de Candelario se remontan a la época de los vetones. Su fundación se atribuye a una colonia de pastores procedentes de Asturias. Viriato instaló su cuartel general en esta villa, que entonces recibía el nombre de Lusonia, según acreditan las cartas de Ptolomeo.

En 1212, el señor de Béjar, bajo cuya jurisdicción se encontraba entonces Candelario, intervino victoriosamente en la Batalla de las Navas de Tolosa. Por ello las comunidades de Candelario, Béjar, Sorihuela y Sanchotello recibieron mercedes del rey Alfonso VIII de Castilla.

En 1310, Candelario volvió a recibir la gratitud del rey Alfonso IX por haber participado activamente en la Batalla del Salado.

Finalmente, en la Guerra de la Independencia, los candelarienses formaron parte de la guerrilla de lanceros salmantinos, que ofrecieron una resistencia hostil y constante a los ejércitos napoleónicos. El terrazgo del municipio de Candelario se dedica al cultivo de la patata, las legumbres, el maíz, las hortalizas y los frutales. En sus fábricas se elaboran embutidos y harinas.

Del sector textil destaca la fabricación de hilados de algodón. En la época estival es especialmente importante la dedicación al sector del turismo. Las peculiares características arquitectónicas de Candelario hicieron que en 1975 fuera declarado Conjunto Histórico-Artístico.

Las calles, estrechas y empinadas, permiten el descenso de las aguas procedentes del deshielo de la nieve. Las casas, con sus típicas batipuertas, están construidas con anchos muros de piedra. La tradición chacinera de la villa ha condicionado desde siempre la disposición de las viviendas candelarienses: los tejados terminan en grandes aleros para protegerlas de la nieve y en los últimos pisos se disponen amplias galerías balconadas destinadas a los secaderos de embutidos.

Entre sus edificios más notables destaca la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XVI. En su interior se aprecian tres naves cubiertas con un artesonado mudéjar. La fachada principal acoge un rosetón de caprichoso diseño gótico. También son de gran valor artístico el retablo principal y unas tablas del siglo XVI.

Asimismo, a la entrada del pueblo se puede admirar la ermita del Santo Cristo del Refugio, de estilo gótico, pero de formas sencillas. La sierra de Candelario acoge con orgullo y prestancia a esta villa, que lleva su mismo nombre. Constituye un enclave natural privilegiado y ofrece múltiples actividades deportivas y de ocio.

El paso del tiempo ha servido para embellecer este municipio declarado Conjunto Histórico-Artístico, que no debe dejar de visitarse por cuanto hay en él de encanto, belleza y tradición. Entre todos sus monumentos más interesantes destaca la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, del siglo XVI.